El amor «es el motor que desde la aparente quietud de un consuelo gozoso, encierra en sí el mayor potencial que la humanidad pueda imaginar. El amor [...] tiene el ímpetu de un caudaloso río de aguas mansas que lo arrolla todo a su paso, sin que exista obstáculo que pueda detenerlo. Porque el que experimenta el amor, el que ha gozado de su dulzura, que es la única que puede llevar a su plenitud las aspiraciones humanas, nunca dejará de seguirlo hasta alcanzar la felicidad completa» (Paul Poupard)