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Se ha demostrado científicamente que el estudio de las bellas artes, desde edad temprana, cultiva en el ser humano una sensibilidad que lo lleva ha desarrollar una ética muy sólida en su vida adulta.
No exagero cuando afirmo que si dentro de los planes de estudios, desde el preescolar hasta la universidad, se incorporaran materias relacionadas a las bellas artes, formariamos personas con una sensibilidad que les permitiría elevar el espíritu, así como conocer su yo interno, fuera de dogmas y con un amplio criterio.
No olvidemos que las artes están vinculadas íntimamente a los sentidos y que estos nos nutren para una vida plena, es decir disfrutar de la existencia.
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La música es un arte sublime que surge como un hacer natural y cotidiano en las sociedades. Es este carácter de la música, el que la hace tan plástico y tan generosamente invasivo, como la luz del sol.
La formación musical es un vehículo de lo más eficaz para despertar en el subconsciente del hombre todas las motivaciones y valoraciones sensibles, estéticas, artísticas, físicas, emocionales y sociológicas que lo moverán a interesarse por el conocimiento de las demás artes.
Así, la música, por ejemplo, nos permite la concentración. A través de escuchar música nuestra mente navega y logramos profundizar en nuestra interioridad, también despierta el sentido del oído y esto nos hace más perceptivos; y cuando la escuchamos en forma melódica nuestro sentido del ritmo se agudiza. Las canciones nos permiten expresar sentimientos de una manera dulce o dolida pero rítmica y sensorial.
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Por todo ello, La Ciudad de la Paz, quiere contribuir con su aportación al desarrollo de esa Cultura de Paz y de todo cuanto enriquece al hombre de nuestro tiempo para alcanzar las zonas más escondidas de sí mismo, donde seanos permitido decir así- sólo la estética y armonía de la música puede alcanzar.
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